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Director de la UGEL :

JARID MAMANI LLANO

¡Feliz Día del Maestro!

Hoy celebramos una de las profesiones más hermosas, nobles y, a veces, desafiantes del planeta: el magisterio. Ser maestro en San Román no es un trabajo de oficina; es una misión de vida.
Cuando hablamos de un maestro, no hablamos de quien simplemente transmite datos o llena una pizarra. Hablamos de compromiso, de ese pacto silencioso que hacen cada mañana al ingresar al aula, decididos a transformar vidas. Hablamos de pasión, esa chispa en los ojos que logra encender el deseo de aprender en el niño más tímido. Y, por encima de todo, hablamos de vocación de servicio: darlo todo, muchas veces sacrificando el propio tiempo familiar, por el futuro de nuestros estudiantes.
A lo largo de nuestra historia, San Román ha sido cuna y escenario de destacados maestros. Hombres y mujeres que dejaron las aulas; pero jamás el recuerdo de sus estudiantes y hoy los recordamos y recordaremos por siempre (A; José Ignacio Miranda, José Parada Manrique, Luis de Rodrigo Ortiz, Percy Zaga Bustinza, Vicente Benavente Calla, Alicia Rodríguez de Cáceres) entre otros; maestros que con tiza y pizarra sembraron las semillas del progreso de San Román, de nuestra querida Juliaca, de Caracoto, de Cabana, de Cabanillas y por su puesto de San Miguel. Pienso en aquellos docentes que caminan kilómetros en el medio rural, que desafían el frío de nuestra meseta, que abrazan la multiculturalidad y que ven en cada niño una promesa para nuestra sociedad. A esos maestros emblemáticos, cuyo legado hoy custodiamos: ¡Gracias por marcar el camino de la transformación y el desarrollo de San Román!
La educación, queridos colegas, es un verdadero apostolado. Es un acto de fe continuo. Sembramos hoy un árbol cuya sombra, quizás, no llegaremos a disfrutar, pero sabemos con certeza que cobijará a las siguientes generaciones.
Por eso, en este día tan sagrado para el espíritu magisterial, elevo mi mirada al cielo. Imploro a Dios Todopoderoso, fuente de toda sabiduría, que les otorgue siempre salud, paciencia infinita y fortaleza en los momentos de cansancio.
Y de la misma forma, invoco a los manes de San Román, a los espíritus de nuestros ancestros, a los líderes y sabios que forjaron esta tierra de calceteros, valientes y emprendedores. Que su fuerza, su rebeldía constructiva y su coraje nos guíen siempre por el correcto camino de este apostolado educativo. Que nunca nos falte la luz para guiar a la niñez y juventud sanromina por senderos de bien, de justicia y de éxito.
Queridos maestros y maestras: sigan sonriendo en las aulas, sigan exigiendo con amor, sigan creyendo en sus estudiantes, porque si el mundo cambia, es porque un maestro empezó cambiándolo en su salón de clases.
Lleven en el pecho, con orgullo, el título más noble que un ser humano puede ostentar: el de ser Maestro de Escuela.
¡Feliz Día del Maestro!
¡Viva el magisterio de la gran provincia de San Román!